Nos gusta que Jesús sea nuestro amigo porque está dispuesto a aceptar cualquier cosa. Pero ese no es el Jesús que conocemos por las Escrituras. No nos gusta el Jesús que nos exige que escuchemos y hagamos lo que debemos. Él es nuestro Redentor, nuestra Roca y nuestro Señor. No vino a la tierra para ser «guay», sino para salvarnos.