No luchamos solo por nosotros mismos, sino también por los demás. Estamos llamados a mostrar misericordia, a rescatar a los perdidos y a guiar a las personas de vuelta a la gloria de Dios.
No luchamos solo por nosotros mismos, sino también por los demás. Estamos llamados a mostrar misericordia, a rescatar a los perdidos y a guiar a las personas de vuelta a la gloria de Dios.
El mundo se sacudirá, surgirán falsos maestros, pero Dios protege a su pueblo. Nuestra tarea consiste en permanecer arraigados en su amor a través de la oración, la fe y la guía del Espíritu.
Siempre surgen falsos maestros e influencias impías, pero sus frutos los delatarán. Los seguidores de Jesús deben estar alerta, tener discernimiento y estar arraigados en la verdad.
Estamos llamados a defender el Evangelio, no a transigir con él. Luchar no significa enfrentarse a las personas, sino luchar por la verdad.
Jesús ofrece una paz que el mundo no puede crear y que la ansiedad no puede destruir.
Dios no espera que carguemos con lo que solo Él puede soportar.