La tumba vacía cambia nuestra forma de verlo todo: la muerte, la vida y la eternidad.
Jesús veía el mundo al revés: donde los últimos son los primeros y los débiles son los fuertes.
Jesús no vio la cruz como una derrota, sino como la victoria definitiva.
Jesús se fijaba en las personas a las que todos los demás ignoraban, y nosotros también deberíamos hacerlo.
Jesús tenía una visión del dolor que le daba un sentido.
Jesús no se limitaba a ver los problemas de las personas: veía su potencial.
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