Crea una rutina —tus ritmos diarios y semanales— para mantener la salud del alma. Los hábitos deben organizarse en rutinas.
Jesús comenzaba sus días con la oración y la soledad. Una rutina matutina constante te une a Dios y te renueva el alma.
Tus hábitos revelan tu orientación espiritual. Organiza tu vida con ritmos que alimenten el alma, no solo con fuerza de voluntad.
No puedes llegar a donde quieres si no sabes dónde estás… o si vas por el camino equivocado.
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